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jueves, 19 de marzo de 2015

Maldito blues

Caras Ionut




“¡Qué pena!”
Qué
pena
si este camino
fuera
de muchísimas
leguas
y siempre
se repitieran
los mismos pueblos,
la mismas ventas
los mismos rebaños,
las mismas recuas.

¡Qué
pena
si esta vida
tuviera
—esta vida
nuestra—
mil años
de existencia!

¿Quién la haría hasta el fin
llevadera?
¿Quién la soportaría toda
sin protesta?

¿Quién lee diez siglos en la Historia
y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre
con distinta fecha?

Los mismos hombres,
las mismas guerras,
los mismos tiranos,
las mismas cadenas,
los mismos farsantes,
las mismas sectas
y los mismos,
los mismos poetas…

¡Qué
pena,
que
sea
así todo siempre,
siempre de la misma manera!




“Versos y oraciones del caminante” – XXXI – 1920-1929





















sábado, 6 de septiembre de 2014

Del ay al ay por el ay



MIGUEL HERNÁNDEZ


Ay, hijo soy del ay,
hijo soy del ay, mi hijo,
hijo de su padre amargo.

Ay, hijo soy del ay,
en un ay fui concebido
y en un ay fui engendrado.

Del ay al ay por el ay,
en un ay puse a mi madre
el vientre disparatado:

Del ay al ay por el ay,
iba la pobre -¡ay, qué peso!-
con mi bulto suspirando.

¡Ay, que voy a malparir!
¡Ay, que voy a malograrlo!
¡Ay, que me apetece esto!
¡Ay, que aquello será malo!
¡Ay, que me duele la madre!
¡Ay, que no puedo llevarlo!
¡Ay, que se me rompe él dentro,
ay, que él afuera! ¡Ay, que paro!
En un ay nací: en un ay
y en un ay, ¡ay! fui criado.

Del ay al ay por el ay,
del ay al ay por el ay,
a un ay eterno he llegado.

¡Ay, que me arranca los pechos
a pellizcos y a bocados!
¡Ay, que me deja sin sangre!
¡Ay, que me quiebra los brazos!
¡Ay, que mi amor y mi vida
se quedan sin leche, exhaustos!
¡Ay, que enferma! ¡Ay, que suspira!
¡Ay, que me sale contrario!

Ay, hijo soy del ay,
y ¡adiós!, el aire me dice
cuando pasa por mi lado.

Ay, hijo soy del ay,
sucias rachas tumban todas
las cometas que levanto.

Del ay al ay por el ay,
del ay al ay por el ay,
a un ay eterno he llegado.

Del ay al ay, por el ay,
vivo en un ay, y en un ay
moriré cuando haga caso.

Ay!, dirá, solo, mi huerto;
¡ay!, llorarán mis hermanos;
¡ay!, gritarán mis amigos,
con un ay entre los labios.
¡Ay, qué angustia! ¡Ay, qué dolor
de cielos, mares y campos;
de flores, montes y nieves;
de ríos, voces y pájaros!

Del ay al ay por el ay,
a un ay eterno he llegado.
Vivo en un ay, y en un ay,
vivo en un ay, y en un ay
moriré cuando haga caso.

En un ay nací: en un ay
y en un ay, ¡ay! fui criado.
Del ay al ay por el ay,
a un ay eterno he llegado.
Del ay al ay, por el ay,
vivo en un ay, y en un ay
y a un ay eterno he llegado
del ay al ay por el ay.





Joan Manuel Serrat





lunes, 24 de marzo de 2014

Penélope




Al contrario que la Penélope de Homero

la de Serrat

no pudo
 o
 no quiso

reconocer a Ulises.





Penélope,
con su bolso de piel marrón
y sus zapatos de tacón
y su vestido de domingo.

Penélope
se sienta en un banco en el andén
y espera que llegue el primer tren
meneando el abanico.

Dicen en el pueblo
que un caminante paró
su reloj
una tarde de primavera.

«Adiós amor mío
no me llores, volveré
antes que
de los sauces caigan las hojas.
Piensa en mí
volveré por ti.»

Pobre infeliz
se paró tu reloj infantil
una tarde plomiza de abril
cuando se fue tu amante.
Se marchitó
en tu huerto hasta la última flor.
No hay un sauce en la calle Mayor
para Penélope.

Penélope,
tristes a fuerza de esperar,
sus ojos, parecen brillar
si un tren silba a lo lejos.
Penélope
uno tras otro los ve pasar,
mira sus caras, les oye hablar,
para ella son muñecos.

Dicen en el pueblo
que el caminante volvió.
La encontró
en su banco de pino verde.
La llamó: «Penélope
mi amante fiel, mi paz,
deja ya
de tejer sueños en tu mente,
mírame,
soy tu amor, regresé».

Le sonrió
con los ojos llenitos de ayer,
no era así su cara ni su piel.
«Tú no eres quien yo espero».
Y se quedó
con su bolso de piel marrón
y sus zapatitos de tacón
sentada en la estación. 






sábado, 8 de marzo de 2014

Canción última








Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.

Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa.


Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat



jueves, 2 de enero de 2014

Poema de Serrat






El sol nos olvidó ayer sobre la arena, 
nos envolvió el rumor suave del mar, 
tu cuerpo me dio calor, tenía frío, 
y allí, en la arena, entre los dos nació este poema, 
este pobre poema de amor para ti. 

Mi fruto,
mi flor, 
mi historia de amor,
mis caricias. 
Mi humilde candil,
mi lluvia de abril,
mi avaricia.
Mi trozo de pan, 
mi viejo refrán,
mi poeta. 
La fe que perdí,
mi camino y mi carreta. 
Mi dulce placer,
mi sueño de ayer,
mi equipaje. 
Mi tibio rincón,
mi mejor canción,
mi paisaje. 
Mi manantial,
mi cañaveral,
mi riqueza. 
Mi leña, 
mi hogar, 
mi techo, 
mi lar, 
mi nobleza. 
Mi fuente,
mi sed, 
mi barco,
mi red y la arena. 

Donde te sentí donde te escribí mi poema.


POEMA DE AMOR
JOAN MANUEL SERRAT