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viernes, 8 de agosto de 2014

Aires gitanos

















 ROMANCE DE LA LUNA
( Romancero gitano)


La luna vino a la fragua 
con su polisón de nardos. 
El niño la mira mira. 
El niño la está mirando.

En el aire conmovido 
mueve la luna sus brazos 
y enseña, lúbrica y pura, 
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna. 
Si vinieran los gitanos, 
harían con tu corazón 
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile. 
Cuando vengan los gitanos, 
te encontrarán sobre el yunque 
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna, 
que ya siento sus caballos. 
Niño déjame, no pises, 
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba 
tocando el tambor del llano. 
Dentro de la fragua el niño, 
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían, 
bronce y sueño, los gitanos. 
Las cabezas levantadas 
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya, 
ay como canta en el árbol! 
Por el cielo va la luna 
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran, 
dando gritos, los gitanos. 
El aire la vela, vela. 
el aire la está velando.

Federico García Lorca





















jueves, 27 de febrero de 2014

Nos queda su música, su arte y su duende













Hace tan solo un mes que murió Félix Grande.
 En ese adiós quise acompañarlo con un poema de su compañera, Francisca Aguirre,
y con dos poetas del flamenco:

Paco de Lucía y Camarón de la Isla

Hoy es Félix Grande con uno de sus poemas

UNA GOTERA


Escucho la guitarra de Paco de Lucía.
 La música me araña los huesos de la edad.
 Lejanamente todo mi pasado se enfría.
 Una gotera insiste entre la soledad.

 La madrugada apoya su frente en la ventana
 y me confía unas sílabas de pena y compasión:
 se lo agradezco desde la yel de esta desgana.
 Hay una losa de algo sobre mi corazón.

 Una gotera. Una gotera hay en mi casa
 en esta rara noche de música y de adiós.
 Y en esta seguiriya que me hiela y me abrasa
 veo el rostro de la nada como un golpe de tos.

 ¿Qué es esto? ¿No está al lado mi bella hija dormida?
 ¿No está ahí cerca dormida la paz de mi mujer?
 El invierno tirita y me lame la vida.
 Mi juventud se ha ido para nunca volver.

 ¿Te acuerdas, Paco? Un día fuimos adolescentes
 entre hermosas guitarras y muchachas de miel.
 Y hoy la noche de invierno me acaricia los dientes
 Y hoy la noche de invierno me acaricia los dientes
 y el viento de los años dormita en el mantel.

 Todos mis sueños muertos se acuestan a mi lado
 y esta gotera sigue rezando sin cesar.
 Hasta el renunciamiento me dejó abandonado.
 Se han ido lejos hasta mis ganas de llorar.

 Cuando ya ni la lágrima acude hasta la herida
 y la vida es convulsa como golpe de tos
 ¿qué le queda a esta llaga trivial y entumecida?
 ¿qué le queda a esta música? ¿qué nos queda a los dos?

 Suena en la seguiriya la lujuriosa pena
 de un tiempo que se apoya cansado en la pared.
 Y suena en mi memoria y en mi cansancio suena
 la horrenda saciedad que me dejó la sed.

 Perdona, Paco. Excusa esta porción de invierno
 con que te está escuchando mi viejo corazón.
 Y que Dios te bendiga por ese ruido eterno
 que suena como suena la palabra perdón.

 Fumo mi cigarrillo sentado en una silla,
 cercado por la silla, la tiniebla y la edad.
 Oigo el perdón, muy próximo, en esta seguiriya.
 Y oigo, lejos, la espalda de la felicidad.

Félix Grande








Todo lo que hago es flamenco.
Sobre todo cuando no hago flamenco.


Con Pedro Iturralde



Con Bryan Adams




Con John McLaughlin y Larry Coryell




Con Joaquín Rodrígo (Fragmento del Concierto de Aranjuez)






No somos tu familia ni amigos, ellos son los que notarán tu ausencia, pero...

algo se muere en el alma
cuando un poeta se va






viernes, 31 de enero de 2014

Adiós a Félix Grande





Un mar, un mar es lo que necesito.
Un mar y no otra cosa, no otra cosa.
Lo demás es pequeño, insuficiente, pobre.
Un mar, un mar es lo que necesito.
No una montaña, un río, un cielo.
No. Nada, nada,
únicamente un mar.
Tampoco quiero flores, manos,
ni un corazón que me consuele.
No quiero un corazón
a cambio de otro corazón.
No quiero que me hablen de amor
a cambio del amor.
Yo sólo quiero un mar:
yo sólo necesito un mar.
Un agua de distancia,
un agua que no escape,
un agua misericordiosa
en que lavar mi corazón
y dejarlo a su orilla
para que sea empujado por sus olas,
lamido por su lengua de sal
que cicatriza heridas.
Un mar, un mar del que ser cómplice.
Un mar al que contarle todo.
Un mar, creedme, necesito un mar,
un mar donde llorar a mares
y que nadie lo note.

Francisca Aguirre (Testigo de excepción)