jueves, 21 de agosto de 2014

Poeta de guardia

Soy algo maga
Soy algo maga,
de ver claveles en rosales vengo.




ISLA IGNORADA

Soy como esa isla que ignorada, 
late acunada por árboles jugosos, 
en el centro de un mar 
que no me entiende, 
rodeada de nada, 
-sola sólo-. 

Hay aves en mi isla relucientes, 
y pintadas por ángeles pintores 
hay fieras que me miran dulcemente, 
y venenosas flores. 

Hay arroyos poetas 
y voces interiores 
de volcanes dormidos. 

Quizá haya algún tesoro 
muy dentro de mi entraña. 

¡Quién sabe si yo tengo 
diamante en mi montaña, 
o tan solo un pequeño 
pedazo de carbón! 

Los árboles del bosque de mi isla 
sois vosotros mis versos. 

¡Qué bien sonáis a veces 
si el viento 
os toca cuando viene el mar que me rodea! 

A esta isla que soy, si alguien llega, 
que se encuentre con algo, es mi deseo 
-manantiales de versos encendidos 
y cascadas de paz es lo que tengo-. 

Un nombre que me sube por el alma 
y no quiere que llore mis secretos 
y soy tierra feliz -que tengo el arte de 
ser dichosa y pobre al mismo tiempo-. 

Para mí es un placer ser ignorada, 
isla ignorada del océano eterno. 

En el centro del mundo sin un libro 
sé todo, porque vino un mensajero 
y me dejó una cruz para la vida 
-para la muerte me dejó un misterio-.




Más siento yo que vosotros 
que mis versos hayan salido 
a su puta madre.






Mocedades -El vendedor-





El vendedor


En la plaza vacía
nada vendía
el vendedor.
Y aunque nadie compraba
no se apagaba
nunca su voz,
no se apagaba nunca su voz.

Voy a poner un mercado
entre tantos mercaderes
para vender esperanzas
y comprar amaneceres.

Para vender un día
la melodía
que hace al andar
el agua de ese río
que es como un grito
de libertad.

¿Quién quiere vender conmigo
la paz de un niño durmiendo,
la tarde sobre mi madre
y el tiempo en que estoy queriendo?

Tú eres el que ha pasado,
el que ha llegado,
y el que vendrá.
Vende el árbol que queda
en la arboleda
de la verdad,
en la arboleda de la verdad.

Voy a ofrecer por el aire
las alas que no han volado,
y los labios que recuerdan
la boca que no han besado.

Alza cada mañana
esa campana
de tu canción,
pregonero que llevas
mil cosas nuevas
en tu pregón
mil cosas nuevas en tu pregón.

Vendo en una cesta el agua
y la nieve en una hoguera
y la sombra de tu pelo
cuando inclinas la cabeza.

¿Quién quiere vender conmigo
la paz de un niño durmiendo,
la tarde sobre mi madre
y el tiempo en que estoy queriendo?



Letra: José María Lizar (seudónimo del poeta y escritor José García Nieto)
Música: Juan Carlos Calderón


9 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Me gusta la poesía sentimental musical de Gloria Fuertes, y también la infantil para niños y para no tan niños...

Juan Nadie dijo...

A mi paisano y tocayo Juan Carlos Calderón no se le ha hecho suficiente justicia, creo. Quizá porque se volcó hacia lo comercial, pero era un buen músico de jazz.

marian dijo...

A mí también, Carlos. Dice tanto... como si nada.

marian dijo...

Yo creo que tampoco se le ha hecho justicia, no solo como músico de jazz que dices, es que fue, además de un gran músico, un gran compositor.

marian dijo...

Y me alegra verte por aquí, eh tocayo:)

Gatopardo dijo...

Gran poetisa Gloria. A Juan Carlos Calderón lo escuchábamos tocando jazz en el Drink Club de Santander antes de ser famoso. Dicho lo cual...

marian dijo...

Pues no le gustaba que le llamasen poetisa (creo:) Pero lo es.
Dicho lo cual... está todo dicho.

carlos perrotti dijo...

Cierto, Marian. No es fácil decir como si nada, como dice Gloria.

marian dijo...

Hacer fácil lo difícil es más complicado que hacer difícil lo fácil.