
Esa difícil costumbre de que esté muerto. Como Bird, como Bud,
he didn´t stand the ghost of a chance, pero antes de morir dijo su nombre más oscuro, sostuvo largamente el filo de un discurso secreto, húmedo de ese pudor que tiembla en las estelas griegas donde un muchacho pensativo mira hacia la blanca noche del mármol. Allí la música de Clifford ciñe algo que escapa casi siempre en el jazz, que escapa casi siempre en lo que escribimos o pintamos o queremos. De pronto hacia la mitad se siente que esa trompeta que busca con un tanteo infalible la única manera de rebasar el límite, es menos soliloquio que contacto. Descripción de una dicha efímera y difícil, de un arrimo precario: antes y después, la normalidad. Cuando quiero saber lo que vive el shamán en lo más alto del árbol de pasaje, cara a cara con la noche fuera del tiempo, escucho una vez más el testamento de Clifford Brown como un aletazo que desgarra lo continuo, que inventa una isla de absoluto en el desorden. Y después de nuevo la costumbre, donde él y tantos más estamos muertos.
6 comentarios:
Malogrado genio. A qué alturas y profundidades habría llegado.
Había leído estas líneas de Julio para Clifford, pero no las recordaba. "Un aletazo que desgarra lo continuo" viniendo de lo profundo...
Magnífica entrada, Marian. Y yo que venía cansado: cómo hago agora para dormirme?
Lo mejor es escucharlo a las ocho y media de la mañana, como estoy haciendo yo ahora. Te facilita el día.
No voy a decir que me sé el texto de memoria, pero casi, lo he leído un montón de veces.
El post te ha quedado "niquelao".
Y tanto, Carlos, se fue muy joven. Es de los que te pone la piel de aquella manera que ya sabemos.
El texto, Charlie, es... para releerlo, releerlo y...
Y de la música, qué vamos a decir ya que no hayamos dicho.
Esto es para hablar poco y poner los sentidos donde hay que ponerlos:)
Estoy escuchando y jamás lo había escuchado Clifford Brown in Paris. Algo muy grande. Muy impresionante.
Jo, qué suerte, Carlos, y además en París...
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